Son los niños del narco: sirven como mensajeros, como informantes y espías, según reportes de la Secretaría de Seguridad Pública federal.
La mayoría de los casos fueron relatados por policías federales asignados a plazas críticas del país.
Aunque el uso de menores de edad ha sido acreditado en todos los estados donde se desarrollan operativos conjuntos contra la inseguridad, se tiene registrada una mayor incidencia en Michoacán, donde la autodenominada La Familia Michoacana ha incorporado esta práctica a su modo cotidiano de operación.
Se trata de menores que, de acuerdo con algunos testimonios policiales, tienen entre siete y trece años de edad. Y muchos se dedican a la venta de dulces, de chicles, de cigarros. Otros son boleros, limpiaparabrisas, malabaristas y payasos callejeros.
La mayoría de quienes sirven como informantes desarrollan actividades en la vía pública.
Pero su tarea no se limita a "sacar información", también se les ordena la entrega de paquetes e incluso escritos donde se anuncian ataques a la corporación, ejecución de agentes o puntos geográficos donde fueron abandonados cuerpos de efectivos federales.
Así ocurrió en octubre del año pasado, cuando en un poblado cercano a Morelia un menor -de alrededor de nueve años- se acercó a una comitiva de patrullas de la Policía Federal que realizaba labores de búsqueda de compañeros "levantados".
Este es el relato: "El niño llegó con un sobre amarillo, sólo nos dijo que alguien le había pagado para entregarnos el paquete, pero no sabía más… Adentro estaban las credenciales oficiales de nueve elementos que habían desaparecido días antes, mientras realizaban rondines; había además una hoja en la que se anunciaba su asesinato y se advertía de más muertes en caso de no frenar la lucha contra La Familia… ¿Qué podemos hacer en esas circunstancias? Son niños a los que no podemos detener ni agredir y que además son utilizados como simples mensajeros".
Otra de las narraciones da cuenta de un caso similar, también en territorio michoacano: el de un chico que se presentó a la comandancia de policía con un maltrecho papel, en el cual se ofrecían detalles sobre más federales asesinados.
"Ahí se señalaba que los cuerpos de los compañeros habían sido arrojados a un lago y hasta se describía la zona específica de la ejecución. Los datos fueron considerados para organizar un operativo de búsqueda en las áreas indicadas, y de manera especial en el lago, pero los cadáveres nunca aparecieron".
En torno a los "niños informantes", otra de las narraciones policiales reportadas describe: "Se acercan para ofrecer un dulce o un chicle, pero en realidad lo que buscan son datos… Tratan de hacer la plática. '¿Qué pasó, jefe, qué hacen por aquí, cuántos son, van a estar mucho tiempo por acá?', son preguntas que hacen en su intento por sacar algo de información".
Y un testimonio más: "Además de recaderos, hay otros niños que, con la careta de vendedores, simplemente se colocan en lugares estratégicos para vigilar los movimientos de la policía, los horarios, el número de elementos o patrullas, la llegada de autoridades locales, son datos que le sirven a la delincuencia y por eso han creado sus grupos infantiles".
Fuente: La Crónica de Hoy



























